El ministro de Obras Públicas obtuvo la devolución de gastos de supermercado mediante una resolución oficial. Las compras incluyeron frutas, postres y hasta una bolsa reutilizable.
Mientras el ministro de Obras, Infraestructura y Transporte de Tucumán, Marcelo Nazur, reclama públicamente por la falta de financiamiento nacional para obras estratégicas y advierte sobre el deterioro de las rutas, una resolución de su propia cartera expone una situación que, como mínimo, abre un fuerte debate sobre el criterio en el uso de los recursos públicos.
De acuerdo con la Resolución N.º 278 del Ministerio de Obras Públicas, se autorizó el reintegro de gastos efectuados por el propio Nazur. El trámite administrativo fue impulsado por la Dirección de Administración y avalado por la contadora pública Sofía Luján, quien consideró procedente la devolución de los importes.
Lo llamativo no es solamente el monto. Es el detalle de los consumos.

Entre las facturas incorporadas al expediente figuran compras realizadas en sucursales de Carrefour de San Miguel de Tucumán que incluyen:
* Duraznos.
* Bananas.
* Manzanas.
* Peras.
* Cuatro postres La Serenísima.
* Cereales.
* Una bolsa reutilizable.
Una de las facturas, emitida el 27 de febrero de 2026, registra compras por $4.708,97, compuestas principalmente por frutas.
Otra, del 18 de febrero de 2026, asciende a $18.578,10 e incluye postres, frutas y otros productos de supermercado.
En total, los comprobantes reflejan gastos cercanos a los $23.287, que luego fueron objeto de reintegro mediante un acto administrativo oficial.
El contraste con el discurso público
Hace apenas unos días, Nazur sostuvo públicamente que el deterioro de las rutas nacionales es “exponencial” y reclamó mayores recursos para infraestructura, insistiendo en que la provincia necesita financiamiento para afrontar obras de gran magnitud.
Sin embargo, mientras se invoca la escasez de fondos para atender necesidades urgentes, la estructura administrativa del Estado fue utilizada para tramitar y aprobar la devolución de compras que cualquier ciudadano asociaría a consumos personales y cotidianos.
La pregunta es inevitable.
¿Era realmente indispensable que el Estado tucumano destinara tiempo, expedientes y recursos administrativos para devolverle al ministro el dinero gastado en bananas, duraznos y postres?
¿Un funcionario que percibe uno de los salarios más altos del gabinete necesitaba que los contribuyentes cubrieran ese tipo de gastos?
No es una discusión sobre legalidad
La existencia de una resolución administrativa puede otorgar respaldo formal al reintegro. Pero la discusión de fondo es política y ética.
La ciudadanía no evalúa solamente si algo puede hacerse. También juzga si corresponde hacerlo.
Y allí aparece el verdadero problema: el mensaje que transmite la dirigencia.
Porque mientras a los tucumanos se les pide comprensión frente a la falta de recursos, ajustes y postergaciones, el Estado termina pagando compras de supermercado realizadas por uno de sus principales funcionarios.
La ejemplaridad también se administra
La confianza pública no se deteriora únicamente con grandes escándalos de corrupción.
También se erosiona cuando quienes exigen sacrificios hacia afuera parecen aplicar estándares mucho más flexibles cuando se trata de sus propios gastos.
El problema no es cuánto cuestan las bananas.
El problema es que un ministro considere razonable que las paguen los contribuyentes.
Y en tiempos de austeridad, quizás esa sea la factura más difícil de explicar.
