El Gobierno nacional recibió una propuesta de inversión que podría reconfigurar el desarrollo de la industria nuclear argentina. La empresa estadounidense Nano Energy presentó un proyecto por más de 230 millones de dólares para finalizar una planta en Formosa y producir combustible nuclear en el país.
La iniciativa, que ya se encuentra bajo análisis de la Secretaría de Asuntos Nucleares del Ministerio de Economía, apunta a completar la Nueva Planta de Uranio (NPU) de la firma estatal Dioxitek. Se trata de una obra iniciada hace más de una década que nunca logró concretarse y que ahora podría reactivarse mediante capital extranjero.
De aprobarse, el proyecto se convertiría en el primero del sector nuclear en encuadrarse dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta impulsada por la gestión de Javier Milei para atraer financiamiento en áreas estratégicas.
El plan contempla no solo la finalización de la planta, sino también la producción de dióxido de uranio —insumo esencial del ciclo nuclear— y el desarrollo de una unidad para fabricar hexafluoruro de uranio, un componente clave para procesos de enriquecimiento en el exterior.
Según trascendió, el acuerdo entre Dioxitek y Nano Energy comenzó a gestarse en 2025, en el marco del denominado “Acuerdo 123” de cooperación nuclear entre Argentina y Estados Unidos. La propuesta tomó impulso definitivo durante el evento Argentina Week, realizado en Nueva York, donde se delineó el esquema de asociación entre el Estado y la firma privada.
El esquema prevé que la empresa estadounidense aporte el financiamiento necesario para concluir la obra y participar en la operación, mientras que la planta continuaría bajo propiedad estatal. De esta manera, se buscaría combinar inversión privada con control público en un sector considerado sensible.
En términos productivos, la iniciativa permitiría abastecer de combustible a las centrales nucleares del país, como Atucha I, Atucha II y Embalse, con una capacidad estimada de 210 toneladas anuales. Además, abriría la posibilidad de exportar a mercados internacionales en un contexto de creciente demanda global, impulsada por la construcción de nuevas centrales nucleares.
El proyecto también busca reactivar una infraestructura que, pese a años de planificación y ejecución parcial, quedó inconclusa por falta de financiamiento y dificultades económicas. Su eventual puesta en marcha representaría un avance significativo en la autonomía energética y en la inserción internacional de la Argentina en el sector nuclear.
