Durante la noche pasada del Cosquin, el público expresó su malestar ante la politización del escenario por parte de la cantante Luciana Jury, quien lanzó críticas hacia Javier Milei. No logró el respaldo del público que la abucheó y tuvo que bajar del escenario.
La tradicional plaza Próspero Molina fue escenario de un fuerte episodio de rechazo durante una de las jornadas recientes del festival de Cosquin, cuando una parte mayoritaria del público reaccionó con silbidos y abucheos ante la politización del espectáculo ofrecido por la cantante Luciana Jury.
La artista utilizó su paso por el escenario principal para emitir mensajes críticos contra el capitalismo y cuestionar tanto a la gestión del expresidente Mauricio Macri como al actual mandatario Javier Milei. Lejos de generar adhesión, sus declaraciones provocaron una respuesta inmediata de los asistentes, que manifestaron su incomodidad frente al uso del festival como plataforma para discursos partidarios.
El clima se tornó aún más tenso cuando Jury invitó a la artista Susy Shock a compartir el escenario. Durante la interpretación conjunta, Shock lanzó una frase que fue interpretada por el público como una alusión directa al Gobierno nacional: “El folklore no es de ningún alcahuete de turno”. La reacción no se hizo esperar: una parte significativa de la multitud respondió con silbidos, dejando en claro su rechazo a los mensajes ideológicos en un evento de carácter cultural y federal.
El episodio reflejó un cambio de ánimo en los asistentes a Cosquin, donde muchos espectadores expresaron su cansancio frente a la utilización de espacios artísticos para bajar línea política. Para varios presentes, el festival debe ser un punto de encuentro cultural y musical, no un ámbito para disputas partidarias.
El momento más contundente ocurrió hacia el final del show, cuando Luciana Jury consultó al público si deseaba escuchar una última canción. La respuesta fue un rotundo y generalizado “no”, lo que selló el cierre anticipado de una actuación que nunca logró conectar con los espectadores.

Este episodio también se inscribe en un contexto más amplio de debate sobre el financiamiento estatal de la cultura. Con el nuevo escenario político y económico, muchos artistas enfrentan el desafío de sostener sus propuestas en función de la convocatoria real del público, sin depender de recursos oficiales.
Lo ocurrido en Cosquin dejó una señal clara: una parte significativa de la sociedad ya no tolera la politización de los escenarios y reclama que los festivales populares vuelvan a centrarse en la música y la expresión cultural, sin consignas partidarias que dividan a la audiencia.
