El actor Héctor Alterio falleció este sábado en Madrid a los 96 años. Con una extensa trayectoria en el cine, el teatro y la televisión, su figura quedó asociada a numerosos hitos del arte argentino. Entre ellos, una escena de la película Caballos Salvajes (1995) que dio origen a una de las frases más recordadas del cine nacional: “La puta que vale la pena estar vivo”.
Dirigida por Marcelo Piñeyro y escrita junto a Aída Bortnik, Caballos Salvajes es una road movie ambientada en la Patagonia argentina y protagonizada por Alterio, Leonardo Sbaraglia y Cecilia Dopazo. La historia narra la huida de José, un hombre de 70 años interpretado por Alterio, y Pedro, un joven empleado bancario, luego de un asalto que expone una situación de injusticia económica. En ese recorrido, ambos personajes construyen un vínculo marcado por la solidaridad y la búsqueda de sentido en un contexto adverso.
La frase que marcó a la película surge en una escena clave, cuando el personaje de Alterio queda solo en medio del paisaje patagónico. En entrevistas posteriores, el propio actor explicó que la línea no estaba originalmente definida y que surgió a partir de una conversación entre el director y la guionista Aída Bortnik, quienes buscaban cerrar esa secuencia. Finalmente, la expresión fue incorporada al guion y pronunciada por Alterio durante el rodaje.
Con el paso de los años, esa frase trascendió la película y se instaló en la cultura popular argentina, asociada a una idea de resistencia y afirmación de la vida en medio de la crisis. El propio Alterio reconoció en distintas entrevistas que la repercusión del diálogo lo sorprendió, incluso décadas después del estreno, cuando el público continuaba recordándolo en la calle.
Estrenada en 1995, Caballos Salvajes se inscribe en una etapa destacada de la filmografía de Alterio, que incluyó títulos como La Patagonia rebelde, La tregua y La historia oficial, película ganadora del Premio Óscar. Su papel en el film de Piñeyro lo acercó además a nuevas generaciones de espectadores en los años noventa.
Tras su fallecimiento, la escena y la frase volvieron a circular como parte del repaso de su legado artístico, consolidando su lugar dentro de la historia del cine argentino.

