El gobernador Osvaldo Jaldo encabezó este domingo una reunión con sindicalistas en la que volvió a mostrarse como supuesto defensor de los jubilados. En su discurso, cargó contra el presidente Javier Milei por el veto a la ley de aumento del 7,2% en las jubilaciones, intentando instalar la idea de que el Gobierno nacional perjudica a los sectores más vulnerables.
Sin embargo, la realidad en el Congreso muestra otra cara. Los diputados que responden a Jaldo, y que incluso integran su lista de candidatos para las próximas elecciones, votaron a favor de sostener ese mismo veto presidencial. Es decir, mientras en Tucumán el gobernador se presenta como opositor a la medida, en Buenos Aires sus legisladores avalan el rumbo económico que busca consolidar el superávit fiscal, arraigándose temas sensibles para burlarse y estafar a los jubilados y ciudadanos.
El superávit, pilar central para que el país logre recuperar estabilidad y proyectar crecimiento, fue defendido con el veto de Milei. Lo que queda en evidencia no es la medida económica en sí, sino la contradicción política de Jaldo: en campaña se disfraza de crítico para atraer simpatías, pero en los hechos acompaña la decisión que públicamente cuestiona.
Además, para mejorar de verdad las jubilaciones es necesario atender variables estructurales como la inflación, el empleo en blanco, la tasa de natalidad y la sostenibilidad fiscal. Sin controlar los precios, sin más trabajadores aportando y sin equilibrio en las cuentas, cualquier aumento inmediato se convierte en un parche insostenible. Milei apunta justamente a ordenar esas variables de fondo, mientras que Jaldo y el peronismo las agravaron durante años de gestión, dejando al sistema jubilatorio cada vez más débil y a los jubilados con haberes cada vez más deteriorados.
Esta doble moral deja en claro una estrategia de conveniencia electoral. El gobernador pretende mostrarse cercano a los jubilados en su discurso, mientras sus acciones en el Congreso revelan otra alineación. Un juego político que, más que defender intereses genuinos, desnuda el oportunismo y la falta de coherencia de su liderazgo.
