Mientras Tucumán arrastra una decadencia digna del siglo XV, el peronismo vuelve a sacar del cajón la misma receta de siempre: demagogia en tiempos de campaña. Meses atrás, el propio gobernador Osvaldo Jaldo y su equipo se lamentaban por la escasez de fondos y advertían sobre un panorama económico complicado. Hoy, de la nada, los recursos aparecen mágicamente para gestos pequeños, fugaces y más pensados en las urnas que en los tucumanos.
El show comenzó con la entrega de dos ambulancias en la capital. El concejal Gastón Gómez (Libres del Sur) lo difundió en redes con entusiasmo: “Hoy acompañamos al gobernador Osvaldo Jaldo, a la intendenta Rossana Chahla, al vicegobernador Miguel Acevedo y a funcionarios provinciales en la entrega de dos ambulancias totalmente equipadas para la Asistencia Pública”.

El propio Jaldo fue más allá. Con tono de campaña y rodeado de funcionarios, publicó: “La salud pública es un derecho y, aun en tiempos difíciles, seguimos invirtiendo para garantizarlo”. Y agregó que “cada peso de superávit se destina a hospitales, escuelas y seguridad, porque de nada sirve un déficit cero si no se traduce en mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo”.
Hasta acá, todo suena muy bien. El problema es que la película completa muestra otra realidad.

Una práctica vieja como la política tucumana
Durante meses, el gobierno provincial lloró por falta de recursos, advirtiendo que no había fondos para cubrir lo esencial. Pero en cuanto se acercan las campañas, resurgen las inauguraciones, las entregas simbólicas y las fotos con funcionarios sonriendo. Lo mismo de siempre: mostrar obras pequeñas, anuncios rimbombantes y acciones efímeras como si fueran soluciones de fondo.
La historia es conocida. Primero aparecen las ambulancias, después llegan los bolsones de comida, los lavarropas y hasta bicicletas para los chicos. Una práctica repetida, digna del manual más viejo de la política clientelar, donde siempre se da un placebo, pero se deja la misma ciudad que solo necesita una lluvia para detonar.

36 años de lo mismo
En lugar de transformar Tucumán en una provincia a la altura del siglo XXI, el peronismo kirchnerista se aferra a fórmulas de corto plazo que solo sirven para “simular gestión” durante campaña. Y lo más preocupante: ya gobiernan hace casi toda la democracia. De los 40 años desde 1983, 36 fueron controlados por el PJ.
En todo ese tiempo, Tucumán sigue padeciendo hospitales colapsados, escuelas deterioradas, inseguridad desbordada y pobreza estructural. ¿De qué sirve inaugurar un servicio de radiología o entregar dos ambulancias, cuando el sistema de salud entero funciona con parches? Cuando es sabido hace añares que si el ambiente es deplorable, la enfermedad esta a la vuelta de la esquina y es inevitable. Se regocijan con detalles de ‘último nivel’ (que en realidad no lo son), pero se olvidan de lo más básico e indispensable. Claro, eso no vende como lo otro.

El propio Jaldo lo dejó claro al felicitar a la intendenta Chahla y hablar de “un Estado presente”. Pero lo que se vio fue otra cosa: un operativo de campaña disfrazado de gestión. Un Estado que aparece solo en la previa electoral y que desaparece cuando los tucumanos reclaman soluciones de fondo.
La conclusión es sencilla: si la provincia pudo comprar ambulancias, modernizar un centro y sacar pecho con estas medidas, entonces queda expuesta la farsa del discurso previo de escasez. No se trata de falta de fondos, sino de prioridades políticas.
La gente merece gobernantes que gestionen todo el año, no solo en campaña. Mientras tanto, el peronismo tucumano repite la misma fórmula de siempre: pan y circo para las fotos, decadencia para la vida real.
