Boca volvió a decepcionar: cayó 2-1 ante Atlético Tucumán y quedó afuera de la Copa Argentina. El Decano fue más sólido y expuso todas las grietas de un equipo hundido en una crisis deportiva e institucional.
Atlético Tucumán dio el golpe en Santiago del Estero y eliminó a Boca Juniors de la Copa Argentina al ganarle 2-1 en los 16avos de final. Los goles de Clever Ferreira y Mateo Bajamich sellaron una victoria histórica para el Decano, que mostró orden, convicción y eficacia ante un rival perdido. El descuento de Cavani, en la última jugada, apenas sirvió para maquillar una realidad inocultable: Boca es un equipo sin rumbo.

La eliminación agrava la crisis de un club que acumula diez partidos sin ganar, igualando la peor racha de su historia. Ni siquiera la presencia de figuras como Cavani o Paredes alcanzó para torcer un destino cada vez más oscuro. Russo, que volvió para apagar el incendio, ya está completamente consumido por las llamas de un proceso que parece haber llegado a su fin.
La actuación de Boca fue pálida, sin ideas, sin juego ni carácter. Frank Fabra fue silbado, Paredes jugó fuera de posición, Cavani desperdició chances claras y el equipo nunca encontró respuestas colectivas. Solo Merentiel mostró algo de luz en un mar de sombras.

Mientras Atlético Tucumán celebra y espera por Newell’s en octavos, Boca se queda sin Copa Argentina y con una sola competencia por delante: el torneo local, donde marcha 11° en su zona y cada vez más lejos de los objetivos. Clasificar a la Copa Libertadores 2026 ya no parece una certeza, sino una ilusión que se desmorona.
Pero el problema va mucho más allá del presente inmediato. El deterioro deportivo e institucional es profundo. Riquelme, como cabeza del proyecto, está en el centro de todas las críticas. Su gestión lleva cinco años sin títulos internacionales, con planteles costosos que no funcionan, decisiones erráticas y una falta de reacción preocupante. La idolatría ya no alcanza.
Russo tampoco encontró el camino. En seis partidos no logró una victoria. Su último planteo fue caótico: Cavani lesionado desde el arranque, Fabra sin nivel, Braida sin función clara, Paredes fuera de puesto y un equipo sin banda ni equilibrio. El resultado fue el que se esperaba: otra derrota dolorosa.

Boca sigue acumulando papelones recientes: cayó en el superclásico, contra Independiente, en el Mundial de Clubes y ahora contra un Atlético Tucumán que lo superó con convicción. No hay reacción, no hay fútbol, no hay proyecto. Solo queda un largo camino de reconstrucción… si es que todavía hay tiempo para empezar.
