Un reciente estudio de la Universidad de Stanford encendió las alarmas sobre los efectos del uso temprano de teléfonos inteligentes en la salud mental de los jóvenes. La investigación, liderada por la neurocientífica Tara Thiagaraja, concluyó que permitir que los menores de 13 años tengan acceso a celulares podría generar consecuencias psicológicas comparables a las que provocan el consumo precoz de alcohol o tabaco.
El trabajo, publicado en la revista científica Journal of Human Development and Capabilities y citado por el medio alemán Deutsche Welle (DW), analizó datos de más de 100.000 jóvenes. El equipo de investigadores detectó una correlación directa entre la tenencia de teléfonos inteligentes a una edad temprana y un incremento en los trastornos emocionales y sociales durante la adultez temprana.
Según el estudio, los jóvenes que recibieron su primer teléfono antes de los 13 años tienen mayores probabilidades de padecer pensamientos suicidas, agresividad, trastornos del sueño, desconexión de la realidad y baja autoestima en la adultez. De hecho, el acceso temprano a los celulares se asoció en un 40% de los casos a una mala salud mental en etapas posteriores de la vida.
A nivel de relaciones interpersonales, el 13% de los participantes declaró haber tenido malas relaciones familiares, el 10% fue víctima o victimario de ciberacoso, y el 12% reportó problemas persistentes de sueño. Estos síntomas no necesariamente se traducen en diagnósticos clásicos como depresión o ansiedad, sino en una reducción general del bienestar emocional y cognitivo, según el índice de evaluación psiquiátrica utilizado en el estudio.
El informe también reveló diferencias de impacto según el sexo. En las mujeres, el uso precoz de celulares se relacionó principalmente con una disminución en la autoestima y una menor capacidad de resiliencia emocional. En los varones, en cambio, se observaron mayores niveles de inestabilidad emocional, menor tranquilidad y una caída en los niveles de empatía.
A raíz de estos hallazgos, los autores del estudio recomiendan la implementación de políticas públicas que restrinjan el acceso de menores de 13 años a teléfonos inteligentes. “Instamos a los responsables políticos a adoptar un enfoque preventivo, similar al aplicado con el alcohol y el tabaco”, afirmó Thiagaraja. Además, subrayó la importancia de promover programas de alfabetización digital desde una edad temprana, con el objetivo de preparar a los niños y adolescentes para un uso saludable y consciente de las tecnologías.
En ese sentido, los investigadores proponen la creación de campañas educativas orientadas a padres, escuelas y comunidades. El foco estaría puesto en alertar sobre los riesgos del uso no supervisado de celulares y fomentar alternativas recreativas que favorezcan el desarrollo emocional y social durante la niñez y la adolescencia.
El estudio aparece en un contexto global en el que la edad promedio de acceso al primer teléfono inteligente se ha reducido considerablemente. En muchos países, los niños comienzan a interactuar con dispositivos móviles incluso desde los 7 u 8 años, muchas veces sin supervisión adecuada ni educación digital de base.
Los especialistas destacan que este fenómeno, si bien responde a cambios culturales, tecnológicos y educativos, también abre la puerta a nuevas formas de exposición y vulnerabilidad, que aún no han sido completamente reguladas por los marcos legales vigentes.
Los autores del estudio invitan a reflexionar sobre el equilibrio entre los beneficios de la tecnología y los riesgos de su uso prematuro. Consideran que el desafío central no es prohibir, sino establecer criterios claros, escalonados y basados en evidencia científica para guiar a las familias y a los Estados en la protección del bienestar de las nuevas generaciones.

