Con la necesidad de ganar por dos tantos de diferencia para seguir con vida en el torneo, el Candombero cambió su postura, metió línea de cinco defensores para tener mayor profundidad por los costados y tratar de golpear rápidamente en el Norte. Sin embargo, al Ciruja le cayó bien el planteo ajeno, sacó provecho de los espacios que dejó en el fondo y se puso en ventaja con un Junior Arias que está intratable.
Lejos de tirarse atrás y especular con el resultado, el Santo siguió yendo y apeló a una jugada de pelota parada para estirar la brecha a través de un cabezazo de Juan Orellana. ¿Luego? Bajó los decibeles y, más allá del travesaño que le ahogó el grito a Diego Diellos, controló la pelota lejos del arco de Darío Sand y evitó que el Candombero se esperanzara con la chance de revertir la historia.
