El acto político de Cristina Kirchner en el club Quimsa de Santiago del Estero expuso las tensiones internas más profundas del peronismo tucumano. Una comitiva de fuerte impronta manzurista, integrada por los hermanos Yedlin —Pablo, senador nacional, y Gabriel, actual legislador provincial y exministro—, el legislador Javier Noguera, Ignacio Golobisky, vicepresidente segundo del Club Atlético Tucumán, Francisco “Chiqui” Navarro, exsecretario de Articulación Territorial y Desarrollo Social, y el legislador José Orellana, dejó en evidencia las grietas entre el sector liderado por el gobernador Osvaldo Jaldo y el exgobernador Juan Manzur.

La participación de José Orellana, hermano del actual intendente de Famaillá, Enrique Orellana, y esposo de la senadora nacional Sandra Mendoza, añadió un elemento clave a la delegación. Mendoza, en días recientes, sostuvo reuniones con la intendenta de la capital tucumana, Rossana Chahla, y también se mostró junto a Cristina Kirchner y Juan Manzur en el Instituto Patria, fortaleciendo lazos con el núcleo duro del kirchnerismo.

El evento en Santiago del Estero no solo reafirmó el alineamiento del manzurismo con el kirchnerismo, sino que también encendió las alarmas en el jaldismo, que percibió esta movida como un mensaje directo de desafío político. La inclusión de Francisco “Chiqui” Navarro, quien fue removido de su cargo por Osvaldo Jaldo durante su interinato como gobernador, fue interpretada como una provocación deliberada.
Mientras Jaldo se esfuerza por consolidar su gestión con un enfoque provincialista, el manzurismo sigue jugando en el plano nacional, apoyándose en figuras clave como los Yedlin, Noguera, Golobisky, Navarro y Orellana. Este último, a través de su relación con Sandra Mendoza, amplifica la conexión con los sectores del peronismo capitalino y nacional, reforzando el posicionamiento manzurista.
La interna peronista tucumana está al rojo vivo. Mientras el gobernador Jaldo busca gobernar con autonomía, el manzurismo, resiliente tras dejar la Gobernación, no está dispuesto a ceder espacios y apuesta a posicionarse como el principal interlocutor del kirchnerismo en la provincia. El viaje a Santiago, más que un acto partidario, se convirtió en un escenario de definición política, marcando el inicio de lo que promete ser una disputa feroz de cara a las elecciones de 2025.
Con un peronismo cada vez más dividido, la batalla por el control político en Tucumán no tiene tregua. ¿Lograrán estos sectores encontrar un punto de acuerdo o esta interna terminará por fragmentar aún más al oficialismo provincial? Lo único cierto es que, tras el evento en Santiago, las tensiones quedaron al desnudo.
