Lo que parecía imposible para la lógica populista del kirchnerismo, el gobierno de Javier Milei lo ha hecho realidad en tiempo récord. Aerolíneas Argentinas, la empresa que durante décadas funcionó como un “agujero negro” de recursos públicos y caja política de La Cámpora, confirmó un hito histórico: gracias al superávit generado por la nueva administración, incorporará 18 nuevas aeronaves financiada íntegramente con fondos propios.
El anuncio marca un cambio de paradigma absoluto. Por primera vez desde su reestatización, la línea de bandera no necesitará meter la mano en el bolsillo de los contribuyentes ni exigir aportes del Tesoro Nacional para modernizarse. Esta situación es posible únicamente gracias al equilibrio financiero y al saneamiento de cuentas alcanzado durante la gestión del presidente Milei.

El plan es ambicioso y demuestra que la eficiencia no es enemiga de lo público cuando se administra con honestidad y criterios de mercado. La compañía invertirá 65 millones de dólares de su propia caja para modernizar cabinas, interiores y servicios a bordo, además de la renovación de la flota.
Lejos de las compras directas y poco transparentes del pasado, la ampliación de la flota se realizará a través del modelo de leasing operativo con empresas internacionales (Lessors). Estos contratos de alquiler, de entre 10 y 20 años, permiten acelerar los plazos y evitar los desembolsos multimillonarios iniciales (un avión base cuesta USD 250 millones), cuidando así la caja de la empresa.
El plan contempla la llegada de cuatro Airbus A330neo para las rutas de largo alcance y catorce Boeing MAX (variantes 8, 9 y 10). El Directorio ya inició el proceso para los primeros aviones, proyectando que las unidades comiencen a llegar a fines de 2026, completando la modernización entre 2027 y 2029.
El fin de la “Aerolíneas deficitaria”
El presidente y CEO de la compañía, Fabián Lombardo, destacó la importancia trascendental de este momento. Aerolíneas Argentinas se transforma en “una compañía con capacidad de inversión y proyección con recursos propios”, dejando atrás el rol de dependencia parasitaria del Estado.
Los números matan el relato de la oposición, que auguraba el desmantelamiento de la empresa. En 2024, bajo la motosierra y la eficiencia libertaria, la empresa logró un resultado operativo positivo de USD 56,6 millones. La proyección es aún más alentadora: se espera duplicar esa ganancia en 2025.
El dato político más fuerte es que, para el próximo año, Aerolíneas prevé no requerir ningún aporte del Estado. Se termina así la era en la que los argentinos más pobres, que nunca subieron a un avión, subsidiaban los pasajes de la clase media y alta.

La mejora financiera no es un hecho aislado o fortuito; forma parte de la política de “déficit cero” innegociable implementada por Javier Milei. Al exigir equilibrio fiscal en todas las empresas estatales, el Gobierno ha logrado que Aerolíneas, históricamente un símbolo del despilfarro, se convierta hoy en uno de los casos de éxito más rotundos de la actual administración.
